Una nueva compañera

Hoy hemos conocido a Carolina, una compañera nueva. Como era su primer día la ha acompañado su mamá hasta la clase. Aunque no parecía muy segura, se ha quedado con nosotros sin llorar ni protestar.

Todavía no habla castellano, aunque parece que sí lo entiende, así que se ha sentado con todos en el corro. Hemos hecho las rutinas de todos los días, y ella se fijaba atentamente en todo lo que hacíamos. Después de que todos han puesto su foto para pasar lista, Carolina, por imitación, también ha puesto la suya. Y luego nos hemos ido presentando uno a uno para que conozca nuestros nombres, seguro que en pocos días ya los recuerda.

Como hoy empezaba el otoño, antes de ir a trabajar, hemos cantado una canción en el corro sobre hojas secas que se caen. Y después cada uno ha pintado su hoja. Hemos hecho distintos tipos de hojas y de diferentes colores. El equipo amarillo ha pintado las hojas como su color. El equipo rojo también. El equipo verde las ha pintado naranjas, porque en otoño no quedan hojas verdes. Y el equipo azul ha pintado las suyas marrones, que es el color preferido del otoño.

Enseguida se ha hecho la hora del almuerzo. Ya nos cuesta menos ir cada unos a por su bolsa y sentarse a almorzar; y si además llevamos un almuerzo que se abre fácil, la cosa se hace en un abrir y cerrar de ojos.

Carolina no tenía muchas ganas de almorzar y no ha probado ni un bocado. Hoy se lo pasamos porque es su primer día, pero mañana tendrá que probarlo al menos, que en nuestra clase todos almorzamos para hacernos muy mayores.

A la hora del recreo hemos tenido que cambiar de patio y salir al porche porque estaba lloviendo. La verdad es que ha hecho un día bastante otoñal, haciendo honor a la estación que comienza hoy.

Carolina no entendía muy bien eso de hacer un tren para salir al patio. Pero sólo le ha ocurrido en el primer recreo. Para el segundo ya formaba parte del tren como si lo hubiera hecho hace días. Estoy segura que mañana lo hará todavía mejor.

Busted by Google